sábado, 27 de febrero de 2010

Evangelio del Domingo. Dia 28 de Febrero San Lucas9,28b-38


EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 28b-38

"En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén. Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: -«Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto".

Palabra del Señor .





COMENTARIO.

"Ver como Dios ve "



Ver como Dios ve El relato de la transfiguración de Jesús es sorprendente. Por un momento parece que Pedro, Santiago y Juan salen de la vida ordinaria y que desde la cumbre de aquel monte atisban lo que es el otro mundo, contemplan de alguna manera la gloria de Dios. Podemos decir eso o podemos decir más simplemente que ven la realidad tal cual es o que la ven tal como Dios la ve. En lo alto de la montaña redescubren a Jesús y perciben su más profunda realidad, entienden su relación profunda, de filiación, con Dios, comprenden la novedad que trae no sólo para sus vidas sino para nuestro mundo. Allí están Moisés y Elías para dar testimonio de que Jesús abre paso a una nueva etapa en la historia de la humanidad.
La experiencia de los apóstoles consiste entonces en ir más allá de las apariencias, de lo ya sabido y encontrarse con la realidad de Jesús tal cual es. O, lo que es lo mismo, tal como Dios la ve –no puede haber diferencia en ese punto–. El primer mensaje que nos lanza este Evangelio es que debemos hacer el esfuerzo de abrir los ojos y ver la realidad tal como es, tal como Dios la ve. ¿Significa esto subir a lo alto de una montaña y tener una visión mística? Ciertamente que no. Significa sobre todo abrir bien los ojos y ver más allá de las apariencias y de nuestros prejuicios.

Delante de un Centro de Deportación
Una historia seguro que nos aclara la idea. Hace poco recibí una carta de un sacerdote. Trabaja en una parroquia de Estados Unidos.

La mayoría de sus parroquianos son inmigrantes. Y la mayoría de esa mayoría están, como suele suceder, indocumentados. Ya podemos imaginar los asuntos en que anda metido este amigo mío. Pues bien, hace unas semanas decidió acercarse al Centro de Deportación de su ciudad. Allí van llevando a todos los ilegales que encuentra la policía de inmigración, la “migra”. Y todos los viernes de mañanita, cuando sacan a los deportados, vestidos como presos, para llevarlos al aeropuerto y proceder a la deportación, hay un grupo de personas que se reúne a rezar el rosario con ellos y por ellos.
Allí estaba mi amigo cuando se fijó en una chica joven y embarazada que, cerca de él, lloraba al tiempo que rezaba. Pensó que quizá tenía un familiar entre los deportados. Pensó que llevaría poco tiempo en el país –no era así por hablaba inglés perfectamente–. Se preguntó dónde estaría su familia porque se le veía que estaba sola. Tantas vueltas le dio a la cabeza la presencia de aquella joven cerca de él, mientras rezaba el rosario, que se terminó acercando a ella. Le preguntó quién era y dónde vivía. Si estaba sola. Si necesitaba ayuda. Con gran sorpresa descubrió que vivía en su parroquia, que solía ir a misa, pero que no tenía ni idea de la ayuda que podía ofrecerle la parroquia.

De "pobre chica embarazada" a "hija de Dios"
Aquí termina la historia. Diría que mi amigo sacerdote pasó por una verdadera transfiguración. Lo que podía haber sido nada más que un recuerdo –otra persona más rezando el rosario en aquella mañana fría de viernes ante el centro de deportación– se convirtió en una persona, en una hermana. Visto con los ojos de Dios, en una hija suya, a la que acercarse y atender y cuidar y amar. De extraña había pasado a ser familiar, hermana, por ese lazo que nos une a todos los que formamos la humanidad: ser hijos de Dios.
Los apóstoles vieron a Jesús como era realmente. Nosotros deberíamos abrir los ojos para ver a los que nos rodean transfigurados en hijos e hijas de Dios. Basta que agucemos el oído y escucharemos también la voz desde la nube que nos dice: “Éste/a es mi hijo/a, escuchadle, atendedle.” Convertirnos es acercarnos a la realidad y, más allá de las apariencias, la más profunda realidad es que todos somos hijos e hijas de Dios. Esa es la verdadera experiencia de transfiguración que podemos vivir esta Cuaresma. Como dice Pablo en la segunda lectura, “somos ciudadanos del cielo”. Así es como nos debemos ver unos a otros. Así es como nos debemos tratar unos a otros. Porque no se trata de hacer tres tiendas, como quería Pedro, sino de bajar del monte y de obrar en consecuencia.

Fernando Torres Pérez, cmf

Fuentes:

D. Fernando Torres Pérez.cmf

Redacción Blog. A. Corbalán

Ciudadredonda.org

fernandotorresperez@earthlink.net

viernes, 26 de febrero de 2010

ORACIÓN COMUNITARIA SAN GARCÍA ABAD. Viernes 26 de Febrero




ALABANZAS AL SANTÍSIMO .


INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO




Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor. Envía Señor, tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.
¡Oh, Dios, que has instruido los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo!, concédenos que sintamos rectamente con el mismo Espíritu y gocemos siempre de su divino consuelo.
Por Jesucristo, Nuestro Señor. AMÉN.

INTRODUCCIÓN
Sobre el Monte Tabor tres apóstoles –Pedro, Juan y Santiago—ven atónitos como la eternidad se abre ante ellos. El Maestro se transfigura con luz propia mientras que Moisés y Elías hablan del drama de Jerusalén. Jesús de Nazaret quiere dar fuerza a sus discípulos para aguanten con entereza lo que se viene encima: su Pasión y Muerte. Pero los apóstoles olvidarán la escena del Tabor y se convertirían en fugitivos aterrorizados por el miedo. Sería, después, tras la Resurrección, cuando encontraron sentido a tan sublime episodio. Y eso, siempre, nos pasa a nosotros. Olvidamos lo que la Palabra nos revela y ante cualquier problema huimos cobardemente. Es la condición humana…

MONICIÓN AL EVANGELIO
Vamos a escuchar el prodigioso relato de San Lucas sobre la Transfiguración. Es un fragmento muy bello y lleno de simbolismos. Jesús quiere mostrar a sus apóstoles –a tres de ellos—su gloria. Y lo hace poco antes de que la Pasión se inicie. Quiere darles vigor para el tiempo de tribulación. Pero ellos no lo entendieron hasta mucho después. ¡Ojala nosotros seamos capaces de comprender los signos que el Señor nos muestra en la vida cotidiana!

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 28b-38

"En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos. De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: -«Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» No sabía lo que decía. Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube.

Una voz desde la nube decía: -«Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.» Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto".

Palabra del Señor

ORACIÓN-MEDITACIÓN
:

Sacada del libro “Os daré un corazón nuevo” del P. Lázaro Albar Marín Director Secretariado Diocesano Grupos de Oración de Cádiz y Ceuta.


El encuentro con Jesús transfigurado.
Sumergirse en la experiencia de Dios es tocar el misterio de lo divino. No hay mayor felicidad que la experiencia de Dios. Tú puedes alcanzar a través de la contemplación momentos maravillosos donde el corazón se transfigura.

Piensa por unos momentos que tú eres uno de los íntimos de Jesús. ¿Cómo es tu intimidad con Dios? La vida eterna es la vida de intimidad con Dios eternamente.

Si quieres conocer el misterio de Dios has de comenzar una vida de profunda intimidad con Él. Esta intimidad brota cuando el ser humano tiene sed de Dios y lo busca incesantemente. Has subido al monte de la oración, al lugar de la intimidad.

Dios conoce tu intimidad, nada permanece oculto a sus ojos.


“Señor tú conoces mi verdad, tu conoces mis deseos, llévame a la intimidad contigo donde el amor es uno y el silencio es palabra de amor”.

Contempla a Jesús.

Contempla el rostro de Jesús ¿Cómo te mira? Su mirada te penetra. Es una mirada luminosa que viene a dar a luz a tu espíritu.
Jesús es la luz del mundo, todas tus tinieblas pueden convertirse en luz. ¿Cuáles son tus tinieblas, tus oscuridades? Si te acercas a la luz tu noche se convertirá en un día luminoso ¿Crees que todas tus tinieblas pueden disiparse por la luz de Cristo? Si tienes fe puedes ver su rostro transfigurado y su vestido de un blanco fulgurante.

Cuando él vive en ti tu rostro es el de Jesús y tu vestido se vuelve blanco, es la pureza de una vida en Dios. ¿Por qué has de vivir una vida de rutina, de monotonía, de mediocridad y de oscuridad? Tú has sido llamado a la plenitud de la vida divina.


Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria. A veces la vida cansa, pero has de estar despierto. El cristiano que ora está despierto, es consciente de la realidad que vive.
A veces vives, pero no vives, estás muerto. Si no tienes a Dios, si no te dejas guiar por Dios. Si no te dejas guiar por las alas del Espíritu de Dios es que estas muerto. ¿No sientes, a veces que te falta la vida, que te falta ilusión y alegría? Has de tomar una decisión: ser libre para despertar a una vida con Dios.


Tú Cristo de la luz,
ven a disipar mis tinieblas,
ven a despertarme de este profundo sueño,
ven a levantarme de todo lo que es muerte,
que tu luz nos haga ver la luz.
Busco tu rostro iluminado,
transfigurado,
busco la alegría de Dios,
busco el amor que no tiene límites,
te busco a ti, Jesús,
tú que puedes transfigurar mi corazón.

Maestro, bueno es estarnos aquí.

Que bien se está en la soledad con Dios, en el silencio lejos del bullicio y del ruido. Me siento iluminado por quien es la fuente de la luz y del amor. Las corrientes de agua viva vienen a mí ser. La paz, el perdón, la alegría, el cariño, la amistad viven en mí. Es Jesús que ha transfigurado mi corazón.
Pero cuando mejor estés puede venir la tentación de olvidarte del mundo, de los hermanos, y puedes tener el deseo de permanecer ahí. Es tanto lo que recibimos en la oración que no puede permanecer en nosotros. El amor arde y ese fuego de amor hay que llevarlo a los hermanos.”Lo que has recibido gratis has de darlo gratis”

Y al entrar en la nube se llenaron de temor. Si tienes a Dios dentro de ti ¿qué has de temer?”No temas, yo estoy contigo” es la voz que escuchas dentro de ti. Ante la misión no vas solo. Él está contigo, él te acompaña.

“Éste es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle”


Aquí estoy ante ti, Jesús,
aquí estoy postrado ante ti.
Habla, Señor que tu siervo escucha.
Háblame, Señor, al corazón,
que tu palabra cale en lo hondo de mi ser,
que tu palabra sea mi palabra.
Aquí estoy, Jesús,
para contemplarte transfigurado,
resplandeciente como el sol,
que tu luz sea mi luz
que tu amor sea mi amor,
Aquí estoy Jesús,
iluminado por ti para llevar la noticia:
“Dios es amor, déjate iluminar por él,
déjate abrazar por él.
Dios es la vida en plenitud.”

PRECES
Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
-acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Señor Jesús, que en tu peregrinar por los caminos de Palestina, has elegido y llamado a tus apóstoles para que sean pescadores de hombres,
- haz que en todas las actividades de la Pastoral juvenil y vocacional de nuestra Diócesis sean numerosos los frutos que se recojan para mayor gloria de tu Nombre.

Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

Padre, en este día que hemos contemplado tu Gloria,
- haz que este acontecimiento nos llene de esperanza y nos sostenga en los momentos de dificultad.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

AVE MARÍA Y GLORIA

martes, 23 de febrero de 2010

CARTA PASTORAL.XVIII Encuentro Diocesano de Oración




"El que tenga sed, venga a mí " (Jn 7,37)

Mis queridos diocesanos:

El próximo 7 de marzo, tercer domingo de Cuaresma, tendrá lugar en nuestra Diócesis el XVIII Encuentro Diocesano de Oración que se celebrará, como otros años, en el Colegio Salesiano de Campano (Chiclana), poniendo en esta ocasión el acento en este Año Sacerdotal bajo la figura del Santo Cura de Ars, modelo de párroco, así como en la parroquia misionera y evangelizadora.


1. El que tenga sed, venga a mí

La sed de Dios es la que nos mueve a mantenernos en una constante oración. Mi alma te busca a ti, Dios mío; tiene sed de Dios, del Dios vivo (Sal 42,2-3). Esta sed de Dios en el fondo es búsqueda de felicidad porque el ser humano tiene plenitud de vida si vive en Dios y para Dios. Jesús nos invita a que cuando tengamos esta sed le busquemos a Él. Te busco de todo corazón (Sal 119,10).
Bien sabe el Señor que Él puede saciar los anhelos más profundos de todo hombre y mujer. Por eso, en el Templo de Jerusalén, en el lugar más sagrado, puesto de pie, gritaba: Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva (Jn 7,37-38). La oración sacia nuestra sed de Dios y nos lanza a la vida para dar una respuesta y hacer presente el Reino de Dios.

2. San Juan María Vianney, testigo de una profunda vida de oración

El Santo Cura de Ars se nos presenta este año como modelo a imitar. Para él, la oración envolvía su vida y era fuente de fecundidad apostólica. La experiencia de este santo respecto de la oración era experiencia de felicidad donde nos sumergimos en la profundidad del amor de Dios. Él nos dice: La oración es toda la felicidad del hombre... Cuanto más se reza más se quiere rezar: es como un pez que nada en la superficie del agua y que luego va a sumergirse hasta lo profundo del mar. El alma se abisma, se hunde en el amor de su Dios. Es como cuando se vacía el contenido de un tonel en otro: nos servimos entonces de una máquina que va del uno al otro; pues lo mismo sucede con la efusión de Jesús en nuestro corazón. Como no podemos separar la felicidad de la comunión con Dios, así no podemos separar la felicidad de la oración. Es verdad que muchas veces se nos presenta la dureza de la vida pero la oración nos hace conscientes de que Dios sostiene nuestra vida.

El Santo Cura de Ars era un testimonio constante de oración, en cuanto experiencia personal y enseñanza a los demás. Así manifestaba su experiencia de Dios: Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo por satisfacer a Dios: ¡oh! ¡qué bello es vivir así!. Vamos, mi alma, tú vas a conversar con el Buen Dios, a trabajar con él, a caminar con él, a combatir y sufrir con él. Trabajarás, pero él bendecirá tu trabajo; andarás, pero él bendecirá tus pasos; sufrirás, pero él bendecirá tus lágrimas. ¡Qué grande es, qué noble, qué consuelo hacer todo en la compañía y bajo los ojos del Buen Dios; pensar que él ve todo, que cuenta con todo! Digamos, pues, cada mañana: todo por agradaros, Dios mío; ¡todas mis acciones por ti!. El pensamiento de la santa presencia de Dios es dulce y consolador. Uno no se cansa; las horas pasan como minutos; en fin, es un adelanto del cielo.

3. La parroquia, fuente para saciar nuestra sed en la oración

La parroquia es el lugar habitual donde crecemos en la fe, la esperanza y el amor. En ella los fieles cristianos se forman, los sacerdotes ejercen su ministerio siendo transparencia de Jesús, buen Pastor. El Papa Juan XXIII tenía unas palabras muy bellas para definir lo que era una parroquia, decía: la parroquia es la fuente de la aldea a la que todos acuden a calmar la sed. Hoy se ve necesario redescubrir esta gran verdad.
Lo que busca una persona que llama a la puerta de una parroquia es la experiencia de Dios. Es sentirse tratada como Dios nos trata. La oración es el camino para modelar los corazones al estilo de Jesús. Una oración comunitaria semanal, y donde sea posible diaria, fortalecerá todo el apostolado de esa comunidad y dará a esa parroquia una hermosa fecundidad evangélica. Es por lo que siempre permanece esa llamada de hacer de nuestras parroquias auténticas comunidades orantes.

4. Valoración del sacerdocio ministerial y común de los fieles

Por el bautismo todos los fieles cristianos nos incorporamos al sacerdocio de Cristo en lo que se ha llamado el sacerdocio común. Una forma de ejercer este sacerdocio es también a través de la oración, como nos dice el Concilio Vaticano II: Los fieles, en cambio, participan en la celebración de la Eucaristía en virtud de su sacerdocio real, y lo ejercen al recibir los sacramentos, en la oración y en la acción de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras (Constitución Lumen gentium, n.10).

Si todos los discípulos de Jesús están llamados a ser perseverantes en la oración, orad siempre, sin desfallecer (Lc 18,1), es verdad que Dios llama a algunos de los fieles a animar los grupos de oración y a ser verdaderos maestros de oración. Así pues todos los catequistas están llamados a iniciar a sus catecúmenos a la oración: El catequista ha de estar capacitado para iniciar a los cristianos en la oración. Por consiguiente ha de conocer todo el significado del Padre Nuestro y el pensamiento que lo sostiene y alimenta, ya que es el modelo de toda oración cristiana. Igualmente ha de estar iniciado en las formas más tradicionales de la oración de la Iglesia, especialmente en la oración de los salmos (Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis, El catequista y su formación, n.133).

5. El sacerdote, maestro de oración

Dios escoge de su pueblo a unos hombres para que ejerzan el sacerdocio ministerial con las funciones de guiar, enseñar y santificar. Respecto a la oración, el sacerdote tiene la misión de orar por la Iglesia y con la Iglesia, pero también un aspecto que no puede olvidar es el de ser maestro de oración: Un aspecto, ciertamente no secundario, de la misión del sacerdote es el de ser maestro de oración. Pero el sacerdote solamente podrá formar a los demás en la escuela de Jesús orante, si él mismo se ha formado y continúa formándose en la misma escuela (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores Dabo Vobis, n. 47).

Benedicto XVI refuerza esta misma idea con unas palabras que dirigió a sacerdotes, diáconos y seminaristas el 15 de junio de 2008: Queridos sacerdotes, como bien sabéis, para que vuestra fe sea fuerte y vigorosa, hace falta alimentarla con una oración constante. Por tanto, sed modelos de oración, convertíos en maestros de oración. Que vuestras jornadas estén marcadas por los tiempos de oración, durante los cuales, a ejemplo de Jesús, debéis dedicaros al diálogo regenerador con el Padre. Sé que no es fácil mantenerse fieles a estas citas diarias con el Señor, sobre todo hoy que el ritmo de la vida se ha vuelto frenético y las ocupaciones son cada vez más absorbentes.

6. Construyamos, entre todos, una Iglesia más orante

Veo necesario dinamizar todo lo que sea oración en nuestra Iglesia diocesana, una oración comprometida con la vida, que nos lance a la solidaridad y a la entrega a los más pobres y desfavorecidos, donde todo el dolor y sufrimiento de nuestro pueblo sea elevado a Dios nuestro Padre. De aquí que avancemos en promover también la oración comunitaria en nuestras parroquias. Al Secretariado Diocesano de Grupos de Oración se les ha encomendado esta misión. Entre todos hagamos una Iglesia más orante.

María, la gran orante, nos acompaña en este camino, alentando la oración de nuestra Iglesia, para que lleguemos a hacer de todas nuestras parroquias verdaderas comunidades evangelizadoras y misioneras.

Os invito, a todos los que podáis, a que participéis de este Encuentro, y sea un día de fraternidad diocesana y de profunda oración.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,

+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 17 de febrero de 2010.

domingo, 21 de febrero de 2010

El Evangelio del Domingo.... 21 de Febrero.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 4, 1-13

"En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: - «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.»
Jesús le contestó: - «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre".» Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: - «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mi me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi, todo será tuyo. »
Jesús le contestó: - «Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto".» Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: - «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".»
Jesús le contestó: - «Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios".» Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión".

Palabra del Señor



COMENTARIO.

"En nuestro mundo, es preciso confesar la fe"

Al comenzar este año la Cuaresma quiero hacer una pequeña confesión de fe. Y la quiero hacer con la experiencia de haber vivido otras "cuaresmas", de haber pasado por otros "desiertos", de haber convivido con otras "tentaciones"... Los cristianos tendríamos que confesar nuestra fe en nuestros ambientes, que tantas veces quieren silenciar lo religioso y lo cristiano. Quiero confesar la fe como Moisés recomienda al pueblo de Israel (en la primera lectura), recorriendo mi historia personal (tu historia, quizá también) y viendo, en la misma, la mano de Dios y todo lo que ha hecho por mi. Quiero confesar la fe en Jesucristo, como dice Pablo en la segunda lectura, con los labios y el corazón. Quiero decir en quién creo y cuáles son los valores que mueven mi vida.


"No sólo de pan vive el hombre".

Confieso que vivo muchos días pensando que la felicidad depende de las cosas que puedo tener, de los bienes, de las cualidades, de las capacidades... hasta el punto de que, a veces, valoro a las personas por lo que tienen (apariencia, temperamento, preparación...). He llegado, incluso, a querer poseer a las personas, a querer dejar en ellas mi influencia personal. Por este camino me he visto abocado a sentirme suficiente, sin necesitar de Dios ni de los demás. Me he cerrado en mi mismo, rompiendo toda dependencia y negando a la gracia su campo de acción en mi.

Pero confieso con más intensidad que Cristo, con su mensaje, ha roto los muros de mi suficiencia y me ha hecho apreciar el perfume y la frescura de su gracia; que ha abierto en mi vida horizontes a la trascendencia; que me ha hecho descubrir los lazos, como correas de amor, que me vinculan con el Padre y con los Hermanos; que ha trastocado mis criterios haciéndome valorar al otro por lo que es —persona e hijo de Dios—...; así, despojado de las "cosas", he ido descubriendo mi pobreza como el mejor de los tesoros, ya que me posibilita estar y sentirme en el corazón de Dios y en el de mis hermanos. No vivo sólo ni principalmente de pan, de bienes, de cosas, de riquezas... si no que mi vida cobra vigor desde la fe en Dios, desde su Palabra.


Si tienes esta experiencia, dilo conmigo en el mundo en el que vives: Es preciso abrir la vida al Amor de Dios Padre, es preciso descubrir la dimensión espiritual de las personas; es preciso liberarse de la tiranía de las posesiones, que achata y recorta las dimensiones del ser humano; es preciso que la semilla de la fe no muera asfixiada en medio de tanto "bienestar"... para que nuestro mundo sea un lugar más humano.

"Al Señor, tu Dios, adorarás y a Él sólo darás culto".

Confieso que vivo muchos días pensando que la felicidad depende del poder sobre los demás. (Esto de ser sacerdote, hoy en día, no da para mucho poder, pero el suficiente para alimentar esta tentación, igual que cualquier cargo o responsabilidad social sobre los demás). Me sobre-valoro en lo que soy, y siento que puedo someter a los demás a mi voluntad, a mis criterios, a mi persona... Es la soberbia. Me dan ganas de sustituir a Dios, ¡que me pongan en su lugar!. Por este camino me he visto abocado a una agreste soledad —ya que me he situado en un plano distinto a los demás—, a vivir en la mentira sobre mí mismo —ya que no soy más que nadie, ni menos, claro—, a tratar a los otros con prepotencia, a desterrar a Dios de mi vida...

Pero confieso con más intensidad que Cristo, con su mensaje, ha roto los muros de mi mentira y, a base de amor, ha puesto la verdad en mi corazón: que soy hijo de Dios y hermano de mi prójimo; me ha enseñado con su vida la humildad para la mía, por esta humildad acepto quién soy y cómo soy y con lo que Dios me ha dado no busco someter o poseer a nadie, antes procuro estar "sometido" a los demás, "poseído" por los demás, conociendo muy bien mis propios valores (también los defectos). La humildad, que sigo aprendiendo cada día, se ha convertido en compañera de camino, que me sitúa en mi ser criatura frente a Dios, lo que me posibilita adorarle y me hace concebir mi vida como una ofrenda agradable a Dios, como el mejor acto de culto que puedo tributarle.

Si tienes esta experiencia, dilo conmigo en el mundo en el que vives: Es preciso abandonar toda soberbia y prepotencia; es preciso descubrir la igualdad radical de todo ser humano; es preciso vivir en la verdad de lo que uno es: criatura de Dios, abierta a la trascendencia; es preciso recobrar la humildad como un valor que posibilite un mundo más humano.

"No tentarás al Señor tu Dios".

Confieso que vivo muchos días pensando que la felicidad depende de la fama, del éxito, de lo bien que piensen los demás de mí mismo. Por eso dedico todas mis energías a cultivar "mi imagen", las apariencias..., buscando continuamente el aplauso y la aprobación. ¡Qué debilidad tan grande tener que depender de la opinión de los demás! Y quiero que Dios sea como yo, que manifieste su Ser de un modo claro y contundente, para que no quede más remedio que ser aceptado por todos. Por este camino me he visto abocado a una gran desconfianza en Dios por no ver signos evidentes (por no saber interpretar su presencia silenciosa), a un narcisismo idolátrico de mi propio yo, desde el que es fácil querer sustituir a Dios.

Pero confieso con más intensidad que Cristo, con su mensaje, ha roto el espejo de mi vanidad y los motivos de mi desconfianza desde el ejemplo de su vida entregada por amor, y me ha dado una fe nueva en él, en el prójimo y en mis posibilidades, sin necesidad de signos y sin necesidad de buscar la aprobación de los demás; me ha mostrado que el mejor modo de salir de la contemplación vacía de uno mismo es el servicio anónimo a los demás, el bien hecho, el amor desinteresado... El vivir mi vida como un servicio a los demás ha equipado mi ser de motivos y horizontes nuevos, de aceptación del otro como es y como está llamado a ser en Dios, de apertura confiada a la voluntad de Dios...

Si tienes esta experiencia, dilo conmigo en el mundo en el que vives: Es preciso dejar de mirarse a uno mismo y empezar a contemplar al otro y sus necesidades; es preciso recobrar la confianza en la posibilidades del ser humano; es preciso confiar en Dios desde el único signo sencillo de su vida entregada; es preciso concebir la propia vida como un servicio a los demás... para que nuestro mundo sea más humano.

Te deseo una feliz y transformadora cuaresma.


Gracias por llegar hasta aquí.


Pedro Crespo Arias



Fuentes

Iglesia en Daimiel

Redacción. Ángel C.


sábado, 20 de febrero de 2010

MEDITACIONES Y ORACIONES DEL VÍA CRUCIS EN EL COLISEO DEL VIERNES SANTO


El Vía crucis es una devoción centrada en los Misterios dolorosos de Cristo, que se meditan y contemplan caminando y deteniéndose en las estaciones que, del Pretorio al Calvario, representan los episodios más notables de la Pasión.

La difusión del ejercicio del Vía crucis ha estado muy vinculada a la Orden franciscana. Pero no fue San Francisco quien lo instituyó tal como lo conocemos, si bien el Pobrecillo de Asís acentuó y desarrolló grandemente la devoción a la humanidad de Cristo y en particular a los misterios de Belén y del Calvario, que culminaron en su experiencia mística en la estigmatización del Alverna; más aún, San Francisco compuso un Oficio de la Pasión de marcado carácter bíblico, que es como un «vía crucis franciscano», y que rezaba a diario, enmarcando cada hora en una antífona dedicada a la Virgen. En todo caso, fue la Orden francisana la que, fiel al espíritu de su fundador, propagó esta devoción, tarea en la que destacó especialmente San Leonardo de Porto Maurizio.

El Vía crucis consta de 14 estaciones, cada una de las cuales se fija en un paso o episodio de la Pasión del Señor. A veces se añade una decimaquinta, dedicada a la resurrección de Cristo. En la práctica de este ejercicio piadoso, las estaciones tienen un núcleo central, expresado en un pasaje del Evangelio o tomado de la devota tradición cristiana, que propone a la meditación y contemplación uno de los momentos importantes de la Pasión de Jesús. Puede seguirle la exposición del acontecimiento propuesto o la predicación sobre el mismo, así como la meditación silenciosa. Ese núcleo central suele ir precedido y seguido de diversas preces y oraciones, según las costumbres y tradiciones de las diferentes regiones o comunidades eclesiales. En la práctica comunitaria del Vía crucis, al principio y al final, y mientas se va de una estación a otra, suelen introducirse cantos adecuados.

Aquí ofrecemos el Vía crucis con textos e imágenes que ayuden a meditar y contemplar «los excesos del amor de Cristo». Los fieles y las comunidades sabrán escoger lo que les sea más útil en sus circunstancias y lo que mejor les ayude a seguir a Cristo, acompañando a María y acompañados de ella.


PRIMERA ESTACIÓN

Jesús es condenado a muerte










V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador

Nuestro tormento es el silencio de Dios, es nuestra prueba. Pero es también la purificación de nuestra prisa, es la cura de nuestro deseo de venganza.
El silencio de Dios es la tierra donde muere nuestro orgullo y brota la verdadera fe, la fe humilde, la fe que no hace preguntas a Dios, sino que se entrega a él con la confianza de un niño.

ORACIÓN Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26
Cronista: Pilato les preguntó: « ¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?». Contestaron todos: « ¡Que lo crucifiquen!» Pilato insistió: «pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban más fuerte: ¡que lo crucifiquen!» Entonces le soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

MEDITACIÓN
Conocemos bien esta escena de condena: ¡Es la crónica de todos los días. Pero nos quema en el alma una pregunta: ¿por qué es posible condenar a Dios? ¿Por qué Dios, que es Omnipotente, se presenta revestido de debilidad? ¿Por qué Dios se deja avasallar por el orgullo y la prepotencia de la arrogancia humana? ¿Por qué Dios calla?
Señor, ¡qué fácil es condenar! Qué fácil es tirar piedras: las piedras del juicio y la calumnia, las piedras de la indiferencia y del abandono.
Señor, tú has decidido ponerte de parte de los vencidos, de parte de los humillados y condenados [Mt 25, 31-46].Ayúdanos a no convertirnos jamás en verdugos de los hermanos indefensos, ayúdanos a tomar posturas valientes para defender a los débiles, ayúdanos a rechazar el agua de Pilato porque no limpia las manos, sino que las mancha de sangre inocente.
TODOS: PADRE NUESTRO...





SEGUNDA ESTACIÓN



Jesús con la cruz a cuestas








V. Te adoramos, Cristo y te bendecimos
R. Que por Tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mí pecador

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 27-31
C. Los soldados del gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo: « ¡Salve, Rey de los judíos!».Luego lo escupían, le quitaban la caña y le golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar.

MEDITACIÓN
En la pasión de Cristo se ha desencadenado el odio, nuestro odio, el odio de toda la humanidad [Lc 22, 53].En la pasión de Cristo, nuestra maldad ha reaccionado ante la bondad, se ha desatado con irritación nuestro orgullo ante la humildad, nuestra corrupción se ha resentido ante la limpidez esplendorosa de Dios.
Y así, ¡nosotros mismos... nos hemos convertido en la cruz de Dios! Nosotros, neciamente rebeldes,
nosotros, con nuestros absurdos pecados, hemos construido la cruz de nuestra inquietud y de nuestra infelicidad: hemos fabricado nuestro castigo.
Pero Dios toma la cruz sobre sus hombros, nuestra cruz, y nos desafía con el poder de su amor.
¡Dios toma la cruz! Misterio insondable de bondad. Misterio de humildad que nos avergüenza de ser todavía orgullosos.

ORACIÓN
Señor Jesús, Tú has entrado en la historia humana y has visto que te era hostil [Jn 1. 10-11], rebelde a Dios, enloquecida a causa de la soberbia, que hace creer al hombre que tiene una estatura tan grande... como su propia sombra.
Señor Jesús, Tú no nos has avasallado, sino que te has dejado doblegar por nosotros, por mí, por cada uno.
Cúrame, Jesús, con tu paciencia, sáname con tu humildad, devuélveme a la estatura de criatura:
mi estatura de pequeño... infinitamente amado por ti.
TODOS: PADRE NUESTRO...


TERCERA ESTACIÓN



Jesús cae por primera vez






V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 4-6
Él soportó nuestros sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso,
herido por Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes.
Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron. Todos errábamos como ovejas,
cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre él todos nuestros crímenes.

MEDITACIÓN
Según el modo de pensar humano, Dios no puede caer... y sin embargo cae. ¿Por qué? No puede ser un signo de debilidad, sino sólo un signo de amor: un mensaje de amor por nosotros.
Al caer bajo el peso de la cruz, Jesús nos recuerda que el pecado pesa, el pecado abate y destruye
el pecado castiga y hace daño: por esto el pecado es un mal [Jr 2,5; 2.19; 5,25].
Pero Dios nos ama y quiere nuestro bien; y el amor lo impulsa a gritar a los sordos, a nosotros que no queremos oír: «Salid del pecado, porque os hace daño. Os quita la paz y la alegría; os aparta de la vida y hace que dentro de vosotros se seque la fuente de la libertad y de la dignidad» ¡Salid! ¡Salid!

ORACIÓN
Señor, hemos perdido el sentido del pecado. Hoy se está difundiendo con engañosa propaganda
una enloquecida apología del mal, un absurdo culto a Satanás, un deseo loco de trasgresión,
una falaz e inconsistente libertad que exalta el capricho, el vicio y el egoísmo, presentándolos como conquistas de civilización.
Señor Jesús, ábrenos los ojos: haz que veamos el fango y reconozcamos lo que es,para que una lágrima de arrepentimiento nos vuelva a dar la pulcritud y el espacio de una verdadera libertad.
¡Ábrenos los ojos, Señor Jesús!
TODOS. PADRE NUESTRO...

CUARTA ESTACIÓN

Jesús se encuentra con su Madre



V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51
Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma».. Bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.
MEDITACIÓN
Toda madre es transparencia del amor, es hogar de ternura, es fidelidad que no abandona,
porque una verdadera madre ama incluso cuando no es amada.
¡María es la Madre! En ella, la feminidad no tiene sombras, y el amor no está contaminado por rebrotes de egoísmo que aprisionan y bloquean el corazón.
María es la Madre. Su corazón permanece fielmente junto al corazón del Hijo y sufre y lleva la cruz,
y siente en la propia carne todas las llagas de la carne del Hijo.
María es la Madre, y sigue siendo Madre: para nosotros, por siempre.
ORACIÓN
Señor Jesús, todos necesitamos a la Madre. Tenemos necesidad de un amor que sea auténtico y fiel.
Necesitamos un amor que nunca vacile, un amor que sea refugio seguro para los momentos de miedo,
de dolor y de prueba.
Señor Jesús, tenemos necesidad de mujeres, de esposas, de madres, que devuelvan a los hombres
el rostro hermoso de la humanidad.
Señor Jesús, tenemos necesidad de María: la mujer, la esposa, la madre que no deforma ni reniega jamás el amor.
Señor Jesús, te pedimos por todas las mujeres del mundo.
Todos: PADRE NUESTRO...

QUINTA ESTACIÓN



El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz






V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 32; 16, 24
Al salir, encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».
MEDITACIÓN
Simón de Cirene, tú eres un insignificante y pobre labrador desconocido, del que no hablan los libros de historia. Y, no obstante, ¡tú haces la historia!
Has escrito uno de los capítulos más hermosos de la historia de la humanidad: tú llevas la cruz de otro, levantas el madero del patíbulo e impides que aplaste a la víctima.
Tú nos devuelves la dignidad a todos nosotros recordándonos que somos nosotros mismos sólo cuando no pensamos en nosotros mismos [Lc 9, 24].
Tú nos recuerdas que Cristo nos espera en el camino, en el rellano, en el hospital, en la cárcel...
en las periferias de nuestras ciudades.¡Cristo nos espera...! [Mt 25, 40]
¿Lo reconoceremos? ¿Lo asistiremos? ¿O moriremos en nuestro egoísmo?

ORACIÓN
Señor Jesús, se está apagando el amor y el mundo se convierte en un lugar frío, inhóspito, inhabitable. Rompe las cadenas que nos impiden correr hacia los demás. Ayúdanos a encontrarnos con nosotros mismos en la caridad.
Señor Jesús, el bienestar nos está deshumanizando, la diversión se ha convertido en una alienación, una droga: y la publicidad monótona de esta sociedad es una invitación a morir en el egoísmo.
Señor Jesús, reaviva en nosotros la llama de humanidad que Dios nos puso en el corazón al inicio de la creación. Líbranos de la decadencia del egoísmo y recuperaremos de inmediato la alegría de vivir
y las ganas de cantar.
Todos: PADRE NUESTRO...

SEXTA ESTACIÓN

La Verónica enjuga el rostro de Jesús



V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos..
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo..

Lectura del libro del profeta Isaías 53, 2-3
No tenía figura ni belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente ,despreciado y evitado por los hombres,
como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan los rostros.

Lectura del libro de los Salmos 41, 2-3
Como busca la cierva corrientes de agua,
así mi alma te busca a ti, Dios mío;
tiene sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

MEDITACIÓN
El rostro de Jesús está empapado de sudor, regado de sangre, cubierto de salivazos insolentes.
¿Quién tendrá valor para acercarse?
¡Una mujer! Una mujer se adelanta, manteniendo encendida la lámpara de la humanidad ... y enjuga el Rostro: ¡y descubre el Rostro¡
¡Cuántas personas sin rostro hay hoy! Cuántas personas se ven desplazadas al margen de la vida,
en el exilio del abandono, en la indiferencia que mata a los indiferentes.

En efecto, sólo está vivo quien arde de amor y se inclina sobre Cristo que sufre y que espera en quien sufre, también hoy. ¡Sí, hoy! Porque mañana será demasiado tarde [Mt 25, 11-13].

ORACIÓN
Señor Jesús, bastaría un paso y el mundo podría cambiar. Bastaría un paso y podría volver la paz en la familia; bastaría un paso y el mendigo ya no estaría solo; bastaría un paso y el enfermo sentiría una mano que le estrecha su mano,... para que ambos se sanen.
Bastaría un paso y los pobres podrían sentarse a la mesa alejando la tristeza de la mesa de los egoístas que, solos, no pueden hacer fiesta.
Señor Jesús, ¡bastaría un paso! Ayúdanos a darlo, porque en el mundo se están agotando todas las reservas de la alegría. Señor, ¡ayúdanos!
Todos: Padre nuestro...

SÉPTIMA ESTACIÓN



Jesús cae por segunda vez







V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos..
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo..

Lectura del profeta Jeremías 12, 1
Tú llevas la razón, Señor, cuando discuto contigo, no obstante, voy a tratar contigo un punto de justicia. ¿Por qué tienen suerte los malvados, y son felices todos los perversos?
Lectura del libro de los Salmos 36, 1-2.10-11
No te exasperes por los malvados,
no envidies a los que obran el mal:
se secarán pronto, como la hierba,
como el césped verde se agostarán.
Aguarda un momento: desapareció el malvado,
fíjate en su sitio: ya no está;
en cambio, los sufridos poseen la tierra
y disfrutan de paz abundante.

MEDITACIÓN
Nuestra arrogancia, nuestra violencia, nuestras injusticias pesan sobre el cuerpo de Cristo.
Pesan... y Cristo cae de nuevo para darnos a conocer el peso insoportable de nuestro pecado.

¿Pero, qué es lo que hiere hoy de modo particular el cuerpo santo de Cristo?
Ciertamente, una dolorosa pasión de Dios es la agresión en lo que se refiere a la familia. Parece que hoy se esté dando una especie de anti-Génesis, un anti-designio, un orgullo diabólico que piensa en aniquilar la familia. El hombre quisiera reinventar la humanidad modificando la gramática misma de la vida tal como Dios la ha pensado y querido [Gn 1, 27; 2, 24].
Pero ponerse en el lugar de Dios sin ser Dios es la arrogancia más insensata, la más peligrosa de las aventuras.
Que la caída de Cristo nos abra los ojos y nos permita ver el rostro hermoso, el rostro auténtico y santo de la familia. El rostro de la familia, de la cual todos tenemos necesidad.

ORACIÓN
Señor Jesús, la familia es un sueño de Dios confiado a la humanidad; la familia es un destello de Cielo
compartido con la humanidad; es la cuna en que hemos nacido y donde renacemos continuamente en el amor.
Señor Jesús, entra en nuestras casas y entona el canto de la vida.
Reaviva la llama del amor y haznos sentir la belleza de estar unidos unos a otros en un abrazo de vida: a vida alimentada por el aliento mismo de Dios, el aliento de Dios-Amor.
Señor Jesús, salva a la familia, ¡para salvar la vida!
Señor Jesús, salva la mía,¡nuestra familia!
Todos: Padre nuestro...

OCTAVA ESTACIÓN

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén




V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos..
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo..

Lectura del Evangelio según San Lucas 23, 27-29.31
Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y lamentaban por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: “dichosas las estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado...”. Porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»

MEDITACIÓN
El llanto de las madres de Jerusalén inunda de piedad el camino del Condenado, mitiga la ferocidad de una ejecución capital y nos recuerda que todos somos hijos: hijos nacidos del abrazo de una madre.

Pero el llanto de las madres de Jerusalén es sólo una pequeña gota en el mar de lágrimas derramadas por las madres: madres de crucificados, madres de asesinos, madres de drogadictos, madres de terroristas, madres de violadores, madres de dementes: ¡... pero siempre madres!
Pero el llanto no basta. El llanto debe rebosar en amor que educa, en fortaleza que guía, en severidad que corrige, en diálogo que construye, en presencia que habla.
El llanto ha de impedir otros llantos.

ORACIÓN
Señor Jesús, tú conoces el llanto de las madres, en cada casa, tú ves el recóndito lugar del dolor,
tú sientes el gemido silencioso de tantas madres heridas por los hijos: ¡heridas hasta morir..., siguiendo vivas!
Señor Jesús, tú deshaces los grumos de dureza que impiden la circulación del amor en las arterias de nuestras familias. Haz que nos sintamos hijos una vez más, para dar a nuestras madres –en la tierra o en el cielo- el orgullo de habernos engendrado y la alegría de poder bendecir el día en que nacimos.
Señor Jesús, enjuga las lágrimas de las madres, para que vuelva la sonrisa en el rostro de los hijos,
en el rostro de todos.
Todos: Padre nuestro...

NOVENA ESTACIÓN



Jesús cae por tercera vez






V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos..
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo..

Lectura del profeta Habacuc 1, 12-13; 2, 2-3
¿No eres tú, Señor, desde antiguo mi santo Dios que no muere? Tus ojos son demasiado puros para mirar el mal, no pueden contemplar la opresión. ¿Por qué contemplas en silencio a los bandidos, cuando el malvado devora al inocente?
«Escribe la visión, grábala en tablillas, de modo que se lea de corrido. La visión espera su momento, se acercará su término y no fallará; si tarda, espera, porque ha de llegar sin retrasarse».

MEDITACIÓN
Pascal ha hecho notar con agudeza:
«Jesús estará en agonía hasta el fin del mundo; no hay que dormirse durante este tiempo» [B. Pascal, Pesées, 553 (ed. Brunschvicg)].
Más, ¿dónde agoniza Jesús en este tiempo? La división del mundo en zonas de bienestar y en zonas de miseria... es la agonía de Cristo hoy.
En efecto, en el mundo hay como dos salas: en una se derrocha en otra se perece; en una se muere de abundancia y en la otra se muere de indigencia; en una se tiene miedo de la obesidad y en la otra se implora la caridad.
¿Por qué no abrimos una puerta? ¿Por qué no formamos una mesa sola?¿Por qué no entendemos que los pobres son la cura de los ricos?¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué somos tan ciegos?

ORACIÓN
Señor Jesús, Tú has llamado necio al hombre que vive para acumular [Lc 12, 20].
Sí, es necio quien cree poseer alguna cosa, porque sólo uno es el Propietario del mundo.
Señor Jesús, el mundo es tuyo, solamente tuyo. Y Tú se lo has dado a todos para que la tierra sea una casa en la que todos coman todos y a todos cobije.
Acumular, pues, es robar si el amontonar inútil impide a otros vivir.
Señor Jesús, haz que termine el escándalo que divide el mundo en palacetes y barracas.
Señor, ¡edúcanos en la fraternidad!
Todos: Padre nuestro...

DÉCIMA ESTACIÓN



Los soldados se reparten las ropas de Jesús




V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Juan. 19, 23-24
Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, tomaron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado. Y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron: «No la rasguemos, sino echemos a suertes a ver a quien le toca».
Así se cumplió la escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suertes mi túnica».

MEDITACIÓN
Los soldados quitan a Jesús la túnica con la violencia de los ladrones e intentan quitarle también
el pudor y la dignidad.
Pero Jesús es el pudor, Jesús es la dignidad del hombre y de su cuerpo.
Y el cuerpo humillado de Cristo se convierte en denuncia de todas las humillaciones del cuerpo humano, creado por Dios como rostro del alma y lenguaje para expresar el amor.
Más hoy se vende y se compra frecuentemente el cuerpo en las calles de las ciudades, por las calles de la televisión, en las casas convertidas en calle.
¿Cuándo entenderemos que estamos matando el amor? ¿Cuándo entenderemos que, sin pureza,
el cuerpo no vive ni puede generar la vida?


ORACIÓN
Señor Jesús, sobre la pureza se ha impuesto ladinamente un silencio general: un silencio impuro.
Se ha difundido incluso la convicción –totalmente embustera- de que la pureza es enemiga del amor.
Es verdad todo lo contrario, Señor. La pureza es la condición indispensable para poder amar: para amar de verdad, para amar fielmente.
Además, Señor, si uno no es dueño de sí mismo, ¿cómo puede entregarse al otro?
Sólo quien es puro puede amar. Sólo quien es puro puede amar sin deshonrar.
Señor Jesús, por el poder de tu sangre derramada por amor danos un corazón puro para que renazca el amor en el mundo, el amor del que todos sentimos tanta nostalgia.
Todos: Padre nuestro...

UNDÉCIMA ESTACIÓN


Jesús clavado en la cruz






V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo. 27, 35-42
Después de crucificarlo, se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Encima de la cabeza colocaron un letrero con la acusación: «Éste es Jesús, el Rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza: «Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz».
Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos».

MEDITACIÓN
Aquellas manos que habían bendecido a todos ahora están clavadas en la cruz, aquellos pies que habían caminado tanto para sembrar esperanza y amor, ahora están clavados al patíbulo.
¿Por qué, Señor?¡Por amor! [Jn 13, 1] ¿Por qué la pasión? ¡Por amor! ¿Por qué la cruz?¡Por amor!
¿Por qué, Señor, no has bajado de la cruz respondiendo a nuestras provocaciones?
No he bajado de la cruz porque así habría consagrado la fuerza como dueña del mundo, mientras que el amor es la única fuerza que puede cambiar el mundo.
¿Por qué, Señor, este precio tan alto? Para deciros que Dios es amor [1 Jn 4, 8.16],
Amor infinito, Amor omnipotente. ¿Me creeréis?


ORACIÓN
Jesús crucificado, todos nos pueden engañar, abandonar, defraudar; tú, en cambio, nunca nos defraudarás. Tú has dejado que nuestras manos te clavaran cruelmente en la cruz para decirnos que tu amor es verdadero, es sincero, fiel, irrevocable.
Jesús crucificado, nuestros ojos ven tus manos clavadas y, a pesar de ello, capaces de dar la verdadera libertad; ven tus pies sujetos con clavos y sin embargo aún capaces de caminar y de hacer caminar.
Jesús crucificado, ha terminado la quimera de una felicidad sin Dios. Volvemos a ti, única esperanza y única libertad, única alegría y única verdad.
Jesús crucificado,¡ten piedad de nosotros, pecadores!
Todos: Padre nuestro...

DUODÉCIMA ESTACIÓN




Jesús muere en la cruz





V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Juan 9, 25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María la Magdalena. Jesús, al ver a su madre, y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo». Luego dijo al discípulo: «Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 45-6. 50
C. Desde el mediodía hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media tarde Jesús gritó: «Elí, Elí, lamá sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
Jesús, dio otro grito fuerte y exhaló el espíritu.

MEDITACIÓN
Neciamente, el hombre ha pensado: Dios ha muerto. Pero si Dios muere, ¿quién nos dará ahora la vida? Si Dios muere, ¿qué es la vida?
La vida es Amor.
La cruz, entonces, no es la muerte de Dios sino el momento en que se quiebra la frágil capa de humanidad, que Dios ha tomado, y comienza a desbordarse el amor [Jn 19, 30] que renueva la humanidad.
De la cruz nace la vida nueva de Saulo, de la cruz nace la conversión de Agustín, de la cruz nace la pobreza feliz de Francisco de Asís, de la cruz nace la bondad expansiva de Vicente de Paúl, de la cruz nace el heroísmo de Maximiliano Kolbe, de la cruz nace la maravillosa caridad de Madre Teresa de Calcuta, de la cruz nace la valentía de Juan Pablo II, de la cruz nace la revolución del amor:
por eso la cruz no es la muerte de Dios, sino el nacimiento de su Amor en el mundo.
¡Bendita sea la cruz de Cristo!

ORACIÓN
Señor Jesús, en el silencio de esta tarde se oye tu voz: «Tengo sed. Tengo sed de tu amor» [Jn 19, 28].En el silencio de esta noche se oye tu oración:«Padre, perdónales. Padre, perdónales» [Lc 23, 34].
En el silencio de la historia se escucha tu grito: «Todo está cumplido» [Jn 19, 30].
¿Qué es lo que se ha cumplido? «Os he dado todo, os he dicho todo, os he traído la más hermosa noticia: Dios es amor. Dios os ama».
En el silencio del corazón se siente la caricia de tu último don: «Ahí tienes a tu madre: a mi madre» [Jn 19, 27].
Gracias, Jesús, por haber confiado a María la misión de recordarnos cada día que el sentido de todo es el Amor: el amor de Dios plantado en el mundo como una cruz. ¡Gracias, Jesús!
Todos: Padre nuestro...

DECIMOTERCERA ESTACIÓN




Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre





V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27,55.57-58; 17,22-23
Había allí muchas mujeres que miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.
Al anochecer llegó un hombre rico de Arimatea, llamado José, que era también discípulo de Jesús. Éste acudió a Pilato a pedirle el cuerpo de Jesús. Y Pilato mandó que se lo entregaran
Mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos la Galilea, les dijo Jesús: «Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres y lo matarán, pero resucitará al tercer día». Ellos se pusieron muy tristes.

MEDITACIÓN
Se ha perpetrado el delito: nosotros hemos matado a Jesús [Zc 12, 10].
Y las llagas de Cristo arden en el corazón de María, mientras que un mismo dolor abraza a la Madre con el Hijo.
La Piedad. Sí, la Piedad grita, conmueve e hiere incluso a quien está acostumbrado a herir.
La Piedad. A nosotros nos parece que tenemos compasión de Dios, y, en cambio –una vez más–
es Dios quien tiene compasión de nosotros.

La Piedad. El dolor ya no es desesperado y jamás lo será, porque Dios ha venido a sufrir con nosotros.
Y con Dios, ¿cómo se puede desesperar?

ORACIÓN
María, en el Hijo abrazas a cada hijo y sientes el desgarro de todas las madres del mundo.
María, tus lágrimas pasan de siglo en siglo y riegan los rostros y lloran el llanto de todos.
María, tú conoces el dolor... pero crees. Crees que las nubes no apagan el sol, crees que la noche prepara la aurora.
María, tú que has cantado el Magnificat [Lc 1, 46-55], entónanos el canto que vence el dolor
como un parto del que nace la vida.
María, ruega por nosotros. Ruega para que llegue también hasta nosotros el contagio de la verdadera esperanza.
Todos: Padre nuestro...

DECIMOCUARTA ESTACIÓN




Jesús es puesto en el sepulcro






V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos.
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo.

Lectura del Evangelio según San Mateo 27, 59-61
C. José, tomando el cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas enfrente del sepulcro.

Lectura del libro de los Salmos 15, 9-11
Por eso se me alegra el corazón
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.



MEDITACIÓN
A veces la vida se asemeja a un largo y melancólico sábado santo. Todo parece haber terminado,
se diría que triunfa el malvado, que el mal es más fuerte que el bien [Jr 12,1; Ha 1, 13].
Pero la fe nos hace ver a lo lejos, nos hace vislumbrar la luz de un nuevo día más allá de este día.
La fe nos garantiza que la última palabra la tiene Dios: solamente Dios.
La fe es verdaderamente una lamparilla, pero es la única que ilumina la noche del mundo: su llama humilde se funde con las primeras luces del día: el día de Cristo Resucitado.
La historia, pues, no termina en el sepulcro, sino que brota en el sepulcro: así lo prometió Jesús [Lc 18, 31-33], así fue, y así será [Rm 8, 18-23].

ORACIÓN
Señor Jesús, el Viernes Santo es el día de las tinieblas, el día del odio insensato, el día de la muerte del Justo. Pero el Viernes Santo no es la última palabra: la última palabra es la Pascua, el triunfo de la Vida, la victoria del Bien sobre el mal.
Señor Jesús, el Sábado Santo es el día del vacío, el día del miedo y del desconcierto, el día en que todo parece haber terminado.
Pero el Sábado Santo no es el último día: El último día es la Pascua, la Luz que se enciende de nuevo,
el Amor que derrota todos los odios.
Señor Jesús, mientras se concluye nuestro Viernes Santo y se repite la angustia de tantos Sábados Santos, danos la fe inquebrantable de María para creer en la verdad de la Pascua; danos su límpida mirada para ver los reflejos que anuncian el último día de la historia: «un cielo nuevo y una tierra nueva» [Ap 21, 1] ya comenzada en ti, Jesús Crucificado y Resucitado. Amén.

Todos: Padre nuestro...




DECIMOQUINTA ESTACIÓN




Jesús resucita al tercer día






V. Te adoramos, Cristo, y te bendecimos..
R. Que por tu Santa cruz redimiste al mundo..

Lectura del evangelio según San Juan 20, 1-9
El día siguiente al sábado, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio quitada la piedra del sepulcro.
Entonces echó a correr, llegó hasta donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, el que Jesús amaba, y les dijo: -Se han llevado al Señor del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto.
Salió Pedro con el otro discípulo y fueron al sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó antes al sepulcro.
Se inclinó y vio allí los lienzos plegados, pero no entró. Llegó tras él Simón Pedro, entró en el sepulcro y vio los lienzos plegados, y el sudario que había sido puesto en su cabeza, no plegado junto con los lienzos, sino aparte, todavía enrollado, en un sitio. Entonces entró también el otro discípulo que había llegado antes al sepulcro, vio y creyó.
No entendían aún la Escritura según la cual era preciso que resucitara de entre los muertos.

MEDITACIÓN
¿Dónde está? "No busquéis entre los muertos al que vive. Ha resucitado. Id a Galilea. Allí lo veréis". ¿Dónde está? ¿En qué Galilea? En la Galilea del afán nuestro de cada día. En la Galilea espacial y universal. En la Galilea del que sirve, del que sufre, del que perdona, del que construye la paz, del que ama. En la Galilea donde todavía hay injusticia, opresión, mentira, odio, rencor y necesita, por tanto, de la luz de la Pascua. En la Galilea de la historia, del hoy y del mañana. En la Galilea de la humanidad.

ORACIÓN
Que al reconocerte resucitado, Señor, no se me olvide el Cristo clavado en la cruz…
Que al contemplar la roca desplazada del sepulcro, también recuerde como llegó el cuerpo del Hijo hasta allí…
Que al recordar a Jesús sufriente en la cruz se avive mi esperanza y se aferre mi fe, a la resurrección del tercer día…
Que al revivir el camino del calvario, me anime la confianza de que al final, y al principio, siempre estás Tú…
Que al ejercitar el amor fraterno se agite mi alma y descubra mi corazón, que ese es el Amor que se clavó en una cruz y que salió andando de un sepulcro cerrado…
Que no me quede en las cruces de mi vida, que se remuevan las piedras que puedan encerrar mis pasos, que me anime la esperanza de sentir que al final la Luz me enseña el camino…
Y que me apasione, Padre, al sentir que se renueva incesantemente el milagro de amarme sin reservas, el milagro de tu entrega sin reservas, el milagro de reconocerte Vivo en la Muerte, y Muerto para la Vida que no deseas para mí…
Que mi alma se alimente de tu Vida y de tu Muerte, para renovar mi espíritu, para cambiar mi mundo, para testimoniar que vives en mí.


Redactadas por el arzobispo Angelo Comastri
















Fuentes:



DIRECTORIO FRANCISCANO



Ana Navarro Mayorga



Blog Parroquia San Garcia Abad.



viernes, 19 de febrero de 2010

ORACIÓN COMUNITARIA SAN GARCIA ABAD


ALABANZAS AL SANTÍSIMO

INTRODUCCIÓN
El próximo domingo celebramos el Primero de Cuaresma. Iniciamos un recorrido importante hacia la Pascua, hacía la Resurrección del Señor. Pero antes tendremos que acompañarle en los días difíciles del Jueves y Viernes Santo. Es, este tiempo, de preparación, de conversión, de levantar humildemente la mirada hacia Dios y pedirle perdón de nuestras faltas y por nuestras ingratitudes. Y Él, que nunca nos abandona, nos ayudará a mejorar. Abrimos pues el Tiempo de Cuaresma con gran esperanza.

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

INUNDA MI SER, INUNDA MI SER. ESPIRITU, INUNDA MI SER.
EN OLAS DE AMOR. ¡OH, VEN SOBRE MI!
ESPIRITU, INUNDA MI SER.

ORACIÓN Y CONTEMPLACIÓN
: Yo, pecador
Señor!. Cuando me encierro en mí, no existe nada: ni tu cielo y tus montes, tus vientos y tus mares; ni tu sol, ni la lluvia de estrellas.
Ni existen los demás, ni existes Tú, ni existo yo.
A fuerza de pensarme, me destruyo. Y una oscura soledad me envuelve,
y no veo nada y no oigo nada.


Cúrame, Señor, cúrame por dentro, como a los ciegos, mudos y leprosos, que te presentaban. Yo me presento.
Cúrame el corazón, de donde sale, lo que otros padecen y donde llevo mudo y reprimido El amor tuyo, que les debo.

Despiértame, Señor, de este coma profundo, que es amarme por encima de todo. Que yo vuelva a ver (Lc 18, 41) a verte, a verles, a ver
tus cosas a ver tu vida, a ver tus hijos....Y que empiece a hablar, como los niños, -balbuceando-, las dos palabras más redondas de la vida:
¡PADRE NUESTRO!

MONICIÓN AL EVANGELIO
El fragmento evangélico de hoy es de San Lucas y nos narra las tentaciones de Cristo en el desierto. Confirma este evangelio que las pruebas y tentaciones formarán siempre parte de nuestra vida; pero, si vivimos junto a Cristo, seremos capaces de vencerlas y saldremos liberados de ellas. Cristo supo vencer al Tentador. Y nosotros, junto con Jesús, también sacaremos el pecado de nuestra vida.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 4, 1-13

"En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y, durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: - «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan.»
Jesús le contestó: - «Está escrito: "No sólo de pan vive el hombre".» Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo y le dijo: - «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mi me lo han dado, y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mi, todo será tuyo. »
Jesús le contestó: - «Está escrito: "Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto".» Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: - «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: "Encargará a los ángeles que cuiden de ti", y también: "Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras".»
Jesús le contestó: - «Está mandado: "No tentarás al Señor, tu Dios".» Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión".

Palabra del Señor


¿Qué lugar ocupa el Espíritu Santo en tu vida?
¿Cómo se presentan estas tentaciones en nuestra vida cristiana?

¿Qué rasgos tiene la nueva humanidad que propone Jesús?

PRECES

Al caer la tarde tu Hijo nos ofreció su cuerpo como alimento de vida eterna,
-acepta nuestra oración vespertina y haz que no falten en tu Iglesia vocaciones religiosas al servicio de los más necesitados.

Padre de bondad, que aceptaste la ofrenda de tu Hijo,
- suscita en nuestras parroquias jóvenes dispuestos a dar su vida por ti en servicio a sus hermanos.

Te pedimos Señor por las familias cristianas,
- para que sean “Iglesia doméstica” donde puedan nacer futuras vocaciones para la Iglesia universal.

Te pedimos Señor por los Seminarios y Noviciados
- que los jóvenes que allí se preparan vivan su formación con gozo y generosidad.

Al llegar a su término esta jornada, haz que no decline en la Iglesia la esperanza de tu Reino,
- enriquécela con numerosas vocaciones a la vida consagrada.

Dios misericordioso, que hiciste de María un modelo de entrega a los hermanos,
- haz que los jóvenes vean en ella un modelo a imitar.

Señor Jesús, que en tu peregrinar por los caminos de Palestina, has elegido y llamado a tus apóstoles para que sean pescadores de hombres,
- haz que en todas las actividades de la Pastoral juvenil y vocacional de nuestra Diócesis sean numerosos los frutos que se recojan para mayor gloria de tu Nombre.


Altísimo Señor, baja a escucharnos con la bondad que te distingue,
- Para que todos los sacerdotes y en especial nuestro párroco el padre Andrés y el padre Ángel sientan cercana en todo instante la especial protección de María Santísima particularmente en los instantes de sus desconsuelos y soledades en el ejercicio de sus misiones.

Padre, acoge estas súplicas que, en este comienzo de cuaresma elevamos a Ti.
- haz que estos días que hoy comenzamos sean de provecho para cada uno de nosotros y de toda tu Iglesia. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor.
Amen.

ORACIÓN FINAL: CONVERSIÓN TOTAL

Sé que algo me estás pidiendo, Señor Jesús.
Tantas puertas abiertas de un solo golpe.
El panorama de mi vida ante mis ojos:
No como en un sueño.

Sé que algo esperas de mí, Señor,
Y aquí estoy,
al pie de la muralla: todo está abierto,
sólo hay un camino libre,
abierto al infinito, el absoluto.

Pero yo no he cambiado, a pesar de todo.
Tendré que tomar contacto
contigo, Señor; buscaré tu compañía,
aún por largo tiempo.
Para morir, pero entonces enteramente.

Como esos heridos que sufren, Señor:
te pido que acabes conmigo.
Estoy cansado de no ser tuyo, de no ser Tú.

AVE MARIA Y GLORIA

miércoles, 17 de febrero de 2010

IMPULSADOS Y ALENTADOS POR EL ESPÍRITU !!!!!!

CARTA PASTORAL

CUARESMA 2010




Mis queridos diocesanos:

Un año más, al celebrar la Santa Cuaresma, escucho la poderosa llamada de Dios que me urge de nuevo a la fidelidad a su palabra y a su amor, y como Pastor de esta Iglesia que peregrina hacia el Reino en Cádiz y Ceuta, siento la necesidad de invitaros a todos vosotros presbíteros, religiosos, religiosas, diáconos, seminaristas, laicos, personas consagradas, vírgenes consagradas y monjas de clausura, para que juntos respondamos a la voluntad amorosa del Señor, que quiere purificar el rostro de nuestra Iglesia y convertirla en instrumento más dócil y eficaz de su solicitud para todos los hombres.

1. Tiempo de purificación

La Cuaresma es un tiempo especial de gracia en el que Dios llama a todo su pueblo para que se deje purificar y santificar por su Salvador y Señor. Por mi parte, como uno más, y como el apóstol san Pablo, tengo que confesar que todavía no estoy del todo vuelto a Jesús. El Papa nos invita en esta Cuaresma de 2010 a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas, y nos ofrece una magnífica reflexión sobre el vasto tema de la justicia (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma de 2010). En este sentido, el pueblo cristiano, movido sin duda por el Espíritu, ha vivido siempre este tiempo fuerte del año litúrgico, como un tiempo de conversión interior, como un vuelco del corazón, como una vuelta a Jesús.

Este año la Cuaresma coronará el Año Sacerdotal, dedicado a la valoración del sacerdocio y a la renovación interior. Este hecho constituye una recomendación, si cabe más apremiante, a no dejar pasar sin una reflexión más honda y sin un empeño más intenso la gran oportunidad que nos brinda la providencia de Dios a no recibir en vano la gracia de Dios (2 Cor 6, 1).

Por su mismo significado este tiempo cuaresmal evoca, con peculiar potencia, los aspectos más relevantes del Año Sacerdotal. El Año Sacerdotal constituye una llamada de gracia y hasta un desafío al hombre de hoy y a todos los creyentes, en palabras del Papa, para que comprendan más a fondo y valoren el ministerio sacerdotal, y se apropien de él en esta hora de gracia, en este momento del Espíritu, que nos habla así: Ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación (2 Cor 6, 2).

2. Llamada a la conversión

El Año Sacerdotal, en palabras del Papa Benedicto XVI, comporta un compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, o lo que es lo mismo una llamada profunda a la conversión. Toda renovación interior comienza ineludiblemente por una actitud de sincera conversión. Este estado de permanente conversión es una característica de la Iglesia que es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación (LG 8). Esa deber ser también la actitud propia de sus hijos. De ahí la necesidad de estar atentos a las llamadas del Espíritu.

Os invito a estar abiertos a lo que el Espíritu dice a la Iglesia: Conozco tus obras, tu fatiga y tu paciencia; que no puedes soportar a los malvados y que has puesto a prueba a los que se dicen apóstoles y no lo son, y los encontraste mentirosos; que tienes paciencia y has sufrido por mi nombre, sin desfallecer. Pero tengo contra ti que has perdido la caridad que tenías al principio. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, arrepiéntete y práctica las obras de antes (Ap 2, 2-5).

3. Renovación interior

Una conversión sincera no puede reducirse a un episodio pasajero, no es una torrentera que pasa; debe ser una renovación interior, que es lo que nos pide el Papa Benedicto en este Año Sacerdotal a todos.

La vida cristiana, tanto en el plano personal como colectivo, se ve expuesta con el peso del tiempo al decaimiento y al desgaste de las energías interiores, si no cuidamos de reponerlas. Necesitamos de momentos intensos de fortalecimiento espiritual. Es necesario aprovechar este tiempo propicio que es la Cuaresma para plantearse la disyuntiva de renovarse o morir.

Renovarse en cuanto al sentido de pecado, que fácilmente se pierde hoy, porque así se llega a la pérdida del sentido de Dios, al ateísmo encubierto y práctico, como una y otra vez nos advierten los Papas.

Renovarse, según el sentido evangélico, en lo que constituye el centro y la esencia del cristianismo, la caridad. Dios amado sobre todo, y el prójimo amado por Él, sin discriminaciones, refrescando nuestra existencia con una vida evangélica.

Renovarse, según la Palabra de Dios, como hijos de la Iglesia, en la fidelidad a las verdades del Magisterio, para mantener vivos y actuales los vínculos de comunión eclesial. Esta renovación interior, reclamada por el Año Sacerdotal y urgida ahora por la Cuaresma, reviste una particular importancia para todo el pueblo de Dios. El Concilio Vaticano II enseña que la santificación de los presbíteros es condición indispensable para la renovación interna de la Iglesia.

4. La fuerza del Espíritu

Toda la actividad de Jesús de Nazaret se desarrolla bajo la presencia del Espíritu Santo: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para evangelizar a los pobres, me ha enviado para anunciar la redención a los cautivos (Lc 4, 18). Las palabras del profeta Isaías encuentran en Jesús su plena realización: Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír (Lc 4, 21).

La unción y la misión del Espíritu abarcan todo el ser, toda la vida y la acción apostólica de Jesús. Él fue concebido, por obra del Espíritu Santo, de Santa María Virgen y en ese misterio de la encarnación han visto los Santos Padres la acción de su humanidad por el Espíritu, unción que después se va a manifestar en su bautismo en el Jordán, cuando el Espíritu Santo se pose sobre Él, y el mismo Espíritu que le ha ungido, le guíe al desierto, le conduzca a la actividad apostólica, le envíe a cumplir la misión para la que ha sido encomendado por el Padre. Y tras su muerte y resurrección Jesús concede a la Iglesia el don del Espíritu Santo, que desde Pentecostés la acompaña permanentemente.

Por eso, la Iglesia de todos los tiempos puede repetir las palabras del Señor en la sinagoga de Nazaret: Hoy se cumple esta Escritura. Se cumple cada vez que la unción del Espíritu consagra a los cristianos en el bautismo y la confirmación para el sacerdocio común de los fieles, y se cumple también cada vez que son ordenados nuevos candidatos para el sacerdocio ministerial por la unción del Espíritu mediante la imposición de las manos.

Todo es obra del Espíritu Santo: nuestra vocación, el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, nuestra misión en la Iglesia. Es la misma fuerza e impulso del Espíritu Santo que actuó en Jesús y que ahora dinamiza a la Iglesia y la empuja a continuar, a través de los tiempos, la misión del Señor de anunciar el Evangelio, impulsados y animados por el Espíritu.

5. El Espíritu aviva la fe

La primera actividad del Espíritu en el corazón de los discípulos es ayudar a comprender, hacer que descubramos con fuerza la verdad de Dios, de Jesucristo, del mundo de la gracia y de la comunión.

La obra del Espíritu es mantener la actualidad permanente y universal de los hechos históricos de Jesús, y situarnos a nosotros ante la realidad actual y la potencia salvífica de estos hechos.

El primer ejercicio de esta Cuaresma es avivar nuestra fe, avivar en nosotros el encuentro con Dios, recibir esa iluminación interior que nos haga vivir en su presencia. Hacer que Dios y su obra sean de verdad algo real y verdadero para nosotros.

En la vida actual vivimos demasiado dispersos, demasiado acaparados por las cosas exteriores. Nos cuesta el silencio, el recogimiento, el asomarnos a la profundidad de la vida, del ser, de la historia y de la esperanza. Con frecuencia la imagen de Dios nos queda excesivamente lejana, difusa, palidecida, casi perdida.

La falta del ejercicio teologal de la fe nos hace inseguros en nuestras relaciones personales con Dios, desconfiados, recelosos, huidizos. En nuestro interior hay una especie de eclipse de Dios, como un poniente que nos lo oculta y con el desvanecimiento de Dios se oscurecen todas las demás cosas del mundo del Espíritu.

Si pretendemos vivir esta Cuaresma como un tiempo de renovación interior hay que comenzar por pedir al Espíritu Santo que restaure en nosotros la seguridad de la presencia de Dios, el gusto de la comunicación con Él, el gozo de su verdad y de su cercanía, la gloria de su gracia.

6. El Espíritu nos impulsa al amor a Dios y al hermano

La segunda actividad del Espíritu Santo en nosotros tiene que ser el amor de Dios y de las cosas diversas.

Hoy, en nuestro mundo religioso, hablamos poco del amor de Dios. Tenemos, a veces, mucha preocupación por inculcar a la gente el amor al prójimo, el servicio a los demás. Pero hablamos demasiado poco de Dios y casi nada del necesario amor de Dios, del derecho que Dios tiene a ser amado por nosotros, de nuestra necesidad de amor a Dios, de fijar nuestro corazón en Él para vivir en la verdad y situar nuestra voluntad desde el principio en las raíces del bien y de la felicidad.

El Espíritu Santo infunde en nuestros corazones el amor verdadero de Dios, ese amor que nos acerca, que nos hace complacernos en su presencia, descansar en su providencia porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se ha dado (Rm 5,5). Nosotros solos nunca podríamos alcanzar un amor verdadero de Dios como bien, como fuente de vida amable y deseable.

El Espíritu Santo nos hace vivir ante Dios como verdaderos hijos, pues el Espíritu mismo da testimonio junto con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Rm 8, 16). Siempre nos resulta dificultoso vivir de verdad esta filiación. Ser hijos requiere vivir con comunicación real, cercana, confiada, amorosa, constante, obediente. Los cristianos no tenemos la sensación de vivir habitualmente en la casa del Padre llenos de felicidad. Vivimos más como siervos que como hijos, a la fuerza, malhumorados, midiendo y regateando lo que damos, comparándonos con los demás. Nos parecemos demasiado al hijo mayor de la parábola del Hijo pródigo (cf. Lc 15, 11-32).

En este momento podríamos muy bien recordar la oración de Charles de Foucauld: Padre mío, haz de mí lo que quieras...., pero no sería necesario, ya que tendría que ser más que suficiente la oración del Padrenuestro que Jesús mismo nos enseñó, rezada de verdad y desde un espíritu filial. No se puede rezar bien el Padrenuestro sin el acento filial de Jesús, obra del Espíritu Santo.


7. El Espíritu nos enseña a orar como conviene

Es el Espíritu Santo, con su iluminación y con la fuerza de su amor, quien nos tiene que ayudar a conseguir el gusto por la oración, la capacidad de quedarnos quietos en la cercanía de Dios, el realismo y la verdad de nuestra convivencia con el Señor.

La Cuaresma es preparación para celebrar la Pascua del Señor. Esta celebración supone certeza, seguridad, complacencia, amor y esperanza de la resurrección. ¿Cómo podríamos celebrar lo que no creemos firmemente, lo que no deseamos con verdad y claridad?

El Espíritu Santo es el que nos hace entrar en la intimidad de Dios, llamarle Padre, gemir en su presencia. Él viene constantemente en ayuda de nuestra oración (cf. Rm 8,26), oración de alabanza, de cercanía, de gozo en la comunión y en la esperanza de encontrarnos con Él en la gloria del cielo. Oración eclesial, comunitaria y litúrgica.

Tengamos presente el cuidado de nuestras eucaristías para que sean verdaderamente rezadas, celebradas y vividas en su presencia, junto al Cristo del calvario y de la gloria, con la Iglesia entera.

Hagamos el esfuerzo para que nuestras eucaristías sean estar entre los apóstoles junto a Jesús, en el cenáculo. Con Juan y María junto a la primera Misa de la Cruz.

8. El Espíritu Santo fuente de comunión, don y tarea

El Espíritu Santo es la fuente profunda de la comunión. Comunión de Cristo con el Padre, de los discípulos con Cristo, de los discípulos entre sí.

Trabajar por la Iglesia y por el Reino es trabajar en favor de la comunión integral, de la comunión interior y exterior. La comunión es don que hay que pedir y tarea que hay que desarrollar a lo largo de toda nuestra vida. Es fruto de la penitencia, de la conversión, de la comunión espiritual con el Señor y con el Dios vivo. La comunión espiritual y mística que crea el Espíritu tiene que hacerse visible y efectiva, tanto con los hermanos como con el conjunto de la Iglesia y de la humanidad (cf. 1 Co 12,13).

La comunión con los hermanos tiene que ser consecuencia, signo, ejercicio de nuestra comunión con Dios y con Cristo. Si estoy con Dios tengo que estar con estos hermanos en los que Dios está también, a los que Dios ama, a los que ha elegido para la misma misión que nosotros hemos recibido.

Si estamos con Cristo, ¿cómo no estar en comunión con el Papa y con el Obispo, con la tradición apostólica, con la Iglesia entera nacida de Cristo, por la que me llega su conocimiento y los dones de su Espíritu?

Vivir claramente la unidad. Vivir espiritualmente con Cristo implica vivir, también, históricamente con Él, mediante la comunión visible con quienes son la continuidad y la extensión visible de su propia humanidad.

9. El Espíritu nos invita a permanecer al servicio de los pobres

La vuelta a Dios, el acercamiento a la esperanza de la resurrección y de la vida eterna, la comunión eclesial y fraterna tienen que vivirse en el ejercicio de la caridad, en una solícita atención y en un servicio afectivo a las necesidades de los pobres, de quienes viven en dificultad por la enfermedad, por la edad, por las carencias o las deficiencias de cualquier género.


Los menos capacitados, los menos queridos, los menos tenidos en cuenta, los menos capaces llevan el sello del Hijo del hombre, son por eso mismo los católicos quienes, ante las dificultades reales para solucionar este problema, no podemos caer en el desánimo, pues tenemos la firme convicción de nuestra fe en la fuerza del Espíritu de Dios, que es el único capaz de transformar los corazones de piedra en corazones de carne, y dar vida a los huesos inanimados. Por ello, permitidme hermanos, que una cuaresma más os haga una llamada a la solidaridad con los parados.

Como nos enseñó el Concilio Vaticano II: el trabajo humano (...) es muy superior a los restantes elementos de la vida económica, pues éstos desempeñan sólo el papel de instrumentos (GS 67), y el trabajo hace posible que el hombre y la mujer se realicen a sí mismos, afirmen su responsabilidad, y se inserten en la sociedad para colaborar con Dios en el crecimiento de nuestro mundo, que Él conduce.

Sustraer de este derecho a las personas es un atentado a su dignidad. Por ello, la Iglesia considera deber suyo recordar siempre la dignidad y los derechos de los hombres al trabajo, denunciar las situaciones en las que se violan dichos derechos, y contribuir a orientar estos cambios para que se realice un auténtico progreso del hombre y de la sociedad (Juan Pablo II, Carta Encíclica Laborem exercens, 1d).

El problema del paro y la situación económica es ingente, pero la fuerza del Espíritu de Dios es mayor. Llenos de este Espíritu, derramado por Cristo resucitado sobre sus discípulos, dejemos que actúe en nosotros, y nos ayude a tener una experiencia gozosa de fraternidad y solidaridad con todos los parados, preferidos de Dios, y ocasión para manifestar con ellos la verdad del amor gratuito de Dios que habita en la Iglesia por el Espíritu Santo.

Hoy nos encontramos con el hecho de la indiferencia de las personas y de las instituciones a la hora de hacer frente a la crisis económica y del paro. El Papa Benedicto XVI en su Mensaje para la Cuaresma de 2010 ha propuesto una reflexión iluminadora sobre el tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo (cf. Rm 3, 21-22).

La justicia distributiva -afirma el Papa- no proporciona al ser humano todo lo suyo que le corresponde. Éste, además del pan y más que el pan, necesita a Dios (Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma de 2010).

El Papa observa la tentación permanente del hombre y de las ideologías modernas: Dado que la injusticia viene de fuera, para que reine la justicia es suficiente con eliminar las causas exteriores que impiden su puesta en práctica. Esta manera de pensar -advierte Jesús- es ingenua y miope (Ibid.).

Para ello, el Papa hace caer en la cuenta de que la injusticia, fruto del mal, no tiene raíces exclusivamente externas; tiene su origen en el corazón humano, donde se encuentra el germen de una misteriosa convivencia con el mal. (...) Es el egoísmo, consecuencia de la culpa original (Ibíd.).

Y el Papa se pregunta: ¿Cómo puede el hombre librarse de este impulso egoísta y abrirse al amor? (Ibíd.).

Hace falta humildad para aceptar tener necesidad de Otro que me libere de lo mío, para darme gratuitamente lo suyo. Esto sucede especialmente en los sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía. Gracias a la acción de Cristo, nosotros podemos entrar en la justicia más grande, que es la del amor (cf. Rm 13, 8-10), la justicia de quien en cualquier caso se siente siempre más deudor que acreedor, porque ha recibido más de lo que podía esperar (Ibíd.).

Precisamente por la fuerza de esta experiencia, el cristiano se ve impulsado a contribuir a la formación de sociedades justas, donde todos reciban lo necesario para vivir según su propia dignidad de hombres y donde la justicia sea vivificada por el amor (Ibíd.).

En esta Cuaresma tenemos que dedicar tiempo a estar con ellos, a atenderlos, a aliviar sus necesidades, a hacerlos sentir el amor gratuito de Dios, a hacer de verdad con ellos la realidad de la vida eterna que queremos acercar y adelantar por los ejercicios de la Cuaresma. Esto entra también en la realidad de las celebraciones pascuales.

Si vivimos la Cuaresma el mundo tendrá que ser más celestial, a partir de unas celebraciones pascuales sinceras y eficaces. Una Iglesia, más Reino de Dios, con menos fronteras entre este mundo y el otro, menos silencio y oscurecimiento de Dios, de gloria de su gracia, menos distancias para el triunfo del cordero. Todo se resume en la oración del Apocalipsis: El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! (Ap 22, 17).

10. El Espíritu nos alienta a vivir una Cuaresma misionera y evangelizadora

Si vivimos de verdad la Cuaresma fácilmente sabremos transmitir a los demás el mensaje de este tiempo de gracia y de renovación. Si no lo vivimos personalmente difícilmente podremos fingirlo por mucho tiempo.

Durante esta Cuaresma de 2010 no se trata de hacer más cosas, sino de hacerlas mejor. Intentemos, pues, hacerlo todo con más verdad, con más inspiración, en una palabra, con más espíritu, con más sintonía profunda con Jesús.

El Espíritu Santo es siempre el motor de la misión de la Iglesia. En el libro de los Hechos de los Apóstoles vemos la presencia y la actuación del Espíritu en el origen de cada una de las empresas misioneras de los discípulos, Pedro, Andrés, Esteban, Pablo (Hch 8, 14; 11, 19-30; 19, 1-7).

Esta Cuaresma que queremos que sea del Espíritu Santo, tiene que ser, también, la Cuaresma que nosotros ofrezcamos y proclamemos en la Iglesia misionera y evangelizadora. Pensemos, ante todo, que el Espíritu Santo está presente y actuando en nuestro mundo, suscitando la memoria de Jesús y preparando los corazones para que entiendan y acepten su palabra. La creación entera gime y sufre con dolores de parto hasta el momento presente. Y no solo ella, sino que nosotros, que poseemos ya los primeros frutos del espíritu, también gemimos aguardando la adopción de hijos, la redención de nuestro cuerpo (Rm 8, 22-23).

Una Cuaresma misionera y evangelizadora requiere que cuidemos los modos y contenidos de la predicación, animados por el Espíritu. Tiene que haber, más predicación y una predicación diferente por el tono, el sentimiento, los contenidos, las exhortaciones. Más que nunca: convertíos y reconciliaos con Dios (cf. 2 Cor 5, 20).

Una Cuaresma misionera y evangelizadora postula unas celebraciones de la penitencia más frecuentes, más comunes, más apremiantes. Celebraciones no sacramentales que desarrollen el espíritu de penitencia y arrepentimiento, y que preparen para vivir personalmente la celebración sacramental del perdón.

Una Cuaresma misionera y evangelizadora pide intensificar la oferta de las celebraciones sacramentales personales, rememorando el procedimiento según lo tiene establecido y recomendado la Santa Madre Iglesia. No confesiones de rutina, sino confesiones que sean una verdadera celebración de conversión, de vuelta a la casa del Padre, o de vuelta al fervor de la verdadera fidelidad y del primer amor.

Una Cuaresma misionera y evangelizadora exige esa misma oferta en la vivencia de la comunión, sus celebraciones, visitas, servicios, ejercicios de caridad, en las residencias, en las casas o barrios de los necesitados, y así plantearlos como ejercicios de la cuaresma, así habrá quien se apunte para el servicio de visitar a los enfermos, en sus casas, en los hospitales, quien se encargue de hacer una presencia especial de atención y servicio en las casas y barrios de los marginados, de los pobres, en las cárceles, etc.

Os invito a seguir trabajando y reflexionando, con la fuerza del Espíritu Santo, en el objetivo pastoral diocesano sobre la Parroquia misionera y evangelizadora. Me consta que lo estáis haciendo así en muchos grupos parroquiales. Entre todos, y en cada parroquia en particular, encontraremos los caminos para que seamos auténticos misioneros y evangelizadores en la sociedad concreta de hoy.

Considero que entonces el resultado de nuestra cuaresma, personal y ministerial, tiene que ser la manifestación del hombre del Espíritu, con un estilo nuevo de vida evangélica que podríamos describirlo siguiendo las sugerencias del apóstol san Pablo en la carta a los Romanos (cf. Rm 12, 12 ss):

* Hombre libre de las esclavitudes interiores y exteriores.

* Libre para amar, para creer, para servir, para esperar.

* Con sencillez y humildad.

* Con intimidad e intensidad.

* Con gozo y alegría en la esperanzas.

* Con paciencia frente a las tribulaciones.

* Con perseverancia en la oración, en la fe, en el amor.

* Cogidos y colgados de la mano del Señor.

* Para poder llegar a ser testigos permanentes.

* Con la palabra, con el consejo y con las obras.

* Verdaderos signos vivientes de la presencia del Señor en medio de su pueblo.

Los hombres y mujeres de espíritu son los que perpetúan en el mundo la vida de Jesús, su experiencia filial, su lucha contra el poder y las fuerzas del mal, su anuncio y realización del Reino, en continuidad con la verdad de la resurrección de Jesús, detrás del cual está la verdad del amor y de la gracia de Dios que nos conduce hasta la verdad de sus promesas.

11. Conclusión

Siguiendo el esquema del evangelio (cf. Mt 6, 1-18) y de la liturgia del miércoles de ceniza que celebramos al inicio de la cuaresma, os sugiero como resumen de esta carta pastoral, algunas propuestas para esta Cuaresma de 2010:

Con la limosna entregamos lo que se le debe al que no tiene. Nuestra solidaridad durante cada día de la cuaresma se podría concretar, como ya se hace en muchas comunidades, depositando en una hucha familiar aquello que después vamos a entregar a Cáritas el día del Jueves Santo. Las Cáritas de la Diócesis han atendido durante el año 2009 a unas 6000 familias, que supone un total de casi 20.000 personas.

En cuanto a la oración os sugiero que dediquéis un tiempo diario a la oración personal. Para ello habría que dedicar también un lugar y un espacio en los templos debidamente conocido por los fieles. En este Año Sacerdotal se debería instituir los jueves sacerdotales para rezar por los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales y religiosas. Además de las celebraciones comunitarias de la penitencia habría que facilitar un tiempo concreto y amplio a los fieles, durante la cuaresma, para que tengan la posibilidad de ser atendidos personalmente.

Con el ayuno se nos invita a privarnos de algunas cosas a favor de los demás: ayunando de horas de televisión y dedicando el tiempo a una buena lectura, a la visita de enfermos o al diálogo en familia, y dedicando aquello que sería un gasto innecesario o superfluo a las necesidades de los más desfavorecidos.

La mayoría de estas propuestas sé que se realizan en las comunidades parroquiales y religiosas, pero os las recuerdo y os pido que las intensifiquéis con ilusión y entrega, siguiendo el consejo de Jesús en el evangelio: tu Padre, que ve en lo secreto, te lo premiará (Mt 6, 4).

Finalmente, el Espíritu de Jesús es consolador y reconfortante, y tiene que serlo especialmente en tiempos de dureza y sequedad. San Pablo sitúa el gozo inmediatamente después del amor (Gal 5,22). Tenemos que ser capaces de vivir en nuestros tiempos con el gozo de la esperanza, en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios (LG 8).

Que Santa María, que acogió plenamente la Palabra bajo la acción del Espíritu Santo, nos ayude a ser dóciles a la acción del Espíritu durante esta Cuaresma y siempre.

Reza por vosotros, os quiere y bendice,



+ Antonio Ceballos Atienza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Cádiz, 11 de febrero de 2010.